domingo, 15 de agosto de 2010

Un Sueño Contigo

Las ondas de luz comenzaba a perder su intensidad las llevaba admirando hace horas me había ayudado a sumergirme más en mis pensamientos cuando de pronto me percate que todo estaba casi listo las personas del servicio ajustaban los últimos detalles, servilletas mal acomodadas, flores que faltaban, una de las meseras me miraba coquetamente en otra ocasión probablemente ella y yo hubiéramos tenido una esplendida noche pero hoy todo era distinto. Volví a observar a mi alrededor y determine que era la hora de mi entrada, me dirigí a la pieza de la novia, vi a su madre con un elegante vestido pasearse orgullosa entre los invitados me miro con afecto, la salude y seguí mi caminar a la puerta que me daría justo con ella.
Entre sin avisar, la mujer que arreglaba a la novia se sorprendió ante mi descortés entrada pero ella no estaba sorprendida creo que me esperaba, le pidió a la mujer que nos dejara solos ya que había terminado su trabajo. Ella se paro y me permite contemplarla por última vez, creo que nunca la vi tan hermosa como lo estaba este día que se entregaría por siempre a otro.
- No vengas tampoco discutas solo quédate ahí y escucha – le dije.
Me tome mi tiempo antes de empezar mi discurso de despedida y cuando estuve preparado empecé.
- Una vez soñé contigo, cuando aun estábamos juntos y tu traías el pelo largo y se te hacían esa ondas – le dije dibujándolas con mi dedo, ella me sonrió sin entender a donde iba con lo que decía y su agujero, el de siempre se le formo en la mejilla izquierda – fue en una de nuestras últimas noches en México ¿recuerdas? no lograba conciliar el sueño como siempre, me di mil vueltas en la cama pero nada conseguía. Y entre vuelta y vuelta, tú te despertaste, posaste tus enormes ojos negros en mí y me llevaste hacia ti luego me diste una dosis de beso con agregado de caricias y al fin, me dormí entre tus brazos.
Comencé a caminar, siempre me ha molestado estar mucho tiempo en un mismo lugar.
- ¿Sabes que soñé? – le pregunte apreciando por la ventana como todo afuera estaba listo para que ella diera el si, por el silencio asumí que su repuesta era un no – Soñé con una hermosa mujer de enormes ojos negro y de pelo largo del mismo color, vestida de blanco viniendo hacia mí del brazo de su padre.
Ella incremento el tamaño de sus ojos negros ante mi inesperada confesión, lo que dudo es que sepa que yo estoy tan o más asombrado que ella al escucharme decir esto.
- Entonces me desperté – proseguí – pero tú ya no estabas, solo estaba tu olor que es demasiado dulce el cual provoco en mi una reacción que nadie más ha provocado; vi una vida entera contigo y también una sin ti pero sabes que fue lo más extraño de esa mañana que me gusto mas el futuro contigo que en el que tu no estabas. Me gusto la idea de despertar todos los días del resto de mi vida contigo, me gusto soñar con una hija con tus hermosos ojos pero también me invadió un miedo, una inseguridad y una ganas de salir huyendo creo que de lo demás te acordaras, jamás entenderé porque fue que te eche de mi vida sin razón, por la primera estupidez que se me ocurrió. Y ahora me doy cuenta de eso, ahora que te pierdo para siempre, ahora que no hay vuelta atrás, ahora que te veo vestida de blanco y te puedo asegurar que te ves más hermosa que en mi sueño, ahora que se que quien te va estar esperando en el altar no soy yo. – bajo la mirada – Por favor no llores, ni me pidas una explicación por qué no la tengo, no sé qué hago en el día de tu boda diciéndote esto.
Sus ojos se habían enrojecidos y luchaba para evitar que esas fastidiosas lagrimaran arruinaran el trabajo de todo un día de maquillaje.
- No mentira, soy un mentiroso siempre lo he sido – a ella se le escabullo una media sonrisa ante la eminente verdad – si sé porque te lo digo, no quiero que te cases sin saberlo porque aunque esta estúpida declaración no sirva de nada ya que por desgracia tu eres del tipo de mujer que jamás da marcha atrás y esta vez no será la excepción, te casaras aunque no estés segura dirás que si porque has dado tu palabra aunque no sé si tu corazón pero es tarde para hablar de eso ¿o no?.
Empuñaba sus manos ante el odio que la invadía, me miro con ese mismo sentimiento. Iba a hablar pero la detuve tapando su boca con mis dedos, no quería escucharla.
- Si, ya sé que soy un idiota no tienes porque decirlo y no te preocupes no me voy a quedar solo te vine a dejar mi regalo de bodas.
Saque de mi bolsillo lo que había comprado horas después de ese sueño, le entregue la pequeña caja me miro y supo lo que era sin abrirlo, me lo quiso devolver pero yo me aparte no lo quería devuelta.
- Es el anillo que te compre por si algún día me daba el valor para pedirte que fueras mía, a mí ya de nada me sirve consérvalo, así que prefiero que lo conserves tú.
Me di media vuelta y me marche, sabía que había sido egoísta por hacer que en el día de su boda estuviera pensando en mí pero no puedo cambiar, es mi naturaleza. Camine en dirección al estacionamiento y pude contemplar el altar que habían montado al aire libre, a todos los invitados sentados esperando al igual que el novio, desee que se quedara esperando por siempre por ella. Me reí al darme cuenta de la ironía de la vida porque el que se quedaría esperando por siempre por ella seria yo. Me subí al auto y me fui mientras la música que daba aviso a la entrada de la novia comenzaba.

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